Poca gente vio, la lagrima que se resbaló por su mejilla cuando vio alejarse ese coche plateado que tantas veces la llevó a entrenar antes de ir a clase, que fue a recogerla en la oscuridad de la noche después de pasarse la tarde entre libros y calculadoras. Y en el se iban frases como “a cenar!” “apaga ya ese ordenador” y esa personilla que lo único que hacia era echarme la culpa cuando no le funcionaba Internet…pero siempre con amor.
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