
Extraño la línea del horizonte. La sensación de agarrarte a esa barandilla blanca y mirar. Que tu vista no pueda alcanzar el final. Extraño llegar a un sitio a partir del cual no se vea nada, no se vean edificios, ni personas, no se oiga el ruido de la ciudad, que se vean las nubes, el sol o la lluvia. Un sitio donde cada amanecer tiene una luz perfecta. Donde el sol se ve completamente cuando acaba el día. Dónde está la sensación de la arena entre los dedos de los pies, o el romper de las olas. Un sitio donde no hay nada, solo paz y libertad. Solo la línea del horizonte en un mar que se confunde con la lluvia.
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